Luis Alberto Fernández Silva
Doutorando no POSJOR e pesquisador do objETHOS

La visita del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, a La Habana, entre los días 20 y 22 de marzo de 2016, constituyó uno de los momentos de mayor simbolismo en el proceso de restablecimiento de relaciones entre ambos gobiernos. Su concreción puso sobre el tapete mediático internacional toda una amalgama de comentarios, criterios, sospechas, predicciones y hasta afirmaciones con respecto al destino del proyecto político cubano y a las intenciones de la “nueva estrategia” diplomática de los Estados Unidos.

Sin dudas el acontecimiento ponía bajo presión a la máxima dirección política de la isla de Cuba. Dar la bienvenida al representante del gobierno imperialista, enemigo histórico que jamás ha perdonado la concreción de un sistema socialista a solo 90 millas de su territorio, fue visto por muchos como el inicio del descalabro del sistema político cubano, motivo suficiente para que la maquinaria propagandística del país se hiciera efectiva. Por su parte en los ciudadanos se manifestaban sentimientos a favor del encuentro. Para el pueblo cubano el acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos es visto como algo positivo y su concreción no es sinónimo de renuncia a su proyecto social y político, y sí una posible vía para eliminar las sanciones económicas norteamericanas que pesan sobre la isla y mejorar la precaria situación material que se vive desde hace varias décadas. Es una manera de favorecer el derrumbe de un bloqueo económico, político y social, que ha tenido a la sociedad cubana como principal damnificada.

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Este hecho no solo trascendía por su impacto noticioso para la prensa internacional, sino que constituía un momento de presión para los medios de comunicación de la isla, al tener que conformar su agenda entre la tensión política que pesaba sobre el sistema ideológico cubano y los altos niveles de expectativa que la visita del presidente norteamericano había generado en los cubanos.

Los detalles de la cobertura

La transmisión por Cubavisión Internacional -señal de la televisión cubana para el exterior- de un concierto de Silvio Rodríguez fue el preámbulo de la cobertura noticiosa a la bienvenida del presidente Barack Obama. Este hecho vislumbraba el carácter que asumiría la agenda informativa de los medios cubanos en los próximos días. Durante las siguientes 72 horas los medios cubanos dieron una muestra de la marcada regulación institucional de la que son objeto. La prensa cubana desarrolló una cobertura discreta del acontecimiento, a pesar de que la capital de los cubanos experimentaba una gran confusión como consecuencia de los fuertes dispositivos de seguridad establecidos, de la gran cantidad de prensa internacional que se había concentrado en la ciudad y de las manifestaciones de buena acogida de los ciudadanos ante la presencia del visitante. Los medios oficiales cubanos trataron de restar importancia al acontecimiento como si la intención de restablecer las relaciones fuera un mero discurso retórico falta de convicción en su consecución. El abordaje periodístico mostró la alta polarización de su contenido a favor de los principios políticos del gobierno, silenciando en mayor medida los intereses ciudadanos. Predominó un discurso de revancha que trataba de disminuir los índices de popularidad que ganó Obama en la ciudadanía cubana. La realidad fue encuadrada desde una visión política y parcelada, silenciando así gran parte de los intereses que movilizaban a la población ante estos acontecimientos. Al resaltar palabras como: “pueblo antimperialista”, “independencia cubana”, “soberanía nacional”, el discurso periodístico dejaba claro su politizado perfil. Las fuentes consultadas y los especialistas entrevistados respondieron a criterios de selección a tono con estos encuadramientos periodísticos.

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El momento más crucial de esta investida, según mi criterio, aconteció durante la cobertura en vivo que daba la cadena televisiva Telesur (única televisora extranjera con señal en vivo en Cuba), desde uno de los pisos de la Lonja del Comercio en la Habana Vieja, al discurso del presidente Obama en el Gran Teatro de la Habana Alicia Alonso. En este espacio, donde se entrevistaba a varios especialistas que originaban consideraciones sobre lo ocurrido, predominó un enfoque crítico que no dejaba margen para otras reflexiones o consideraciones. En la periodista, que fungía como mediador, se destacó un abordaje que en reiteradas ocasiones resultó agresivo e incómodo para los propios entrevistados, transgrediendo su función como profesional de los medios. Su euforia marcaba tanto el ritmo de las intervenciones que no pudo contener su reacción luego que Mariela Castro Espín (directora del CENESEX e hija de Raúl Castro) expresara su criterio favorable sobre la actitud y visita del presidente norteamericano a la isla.

Por su parte la prensa alternativa se mostró mucho más diversa y objetiva que los medios tradicionales cubanos. Sitios como www.cubadebate.cu, www.cubanet.org, www.cibercuba.com, www.oncubamagazine.com, entre otros, mostraron los diferentes matices que se sucedieron en Cuba durante la estancia del mandatario norteamericano. Su cobertura resultó mucho más inclusiva, por medio de un tratamiento orientado a recrear los hechos cotidianos que marcaron esas jornadas. A través de diferentes formatos periodísticos permitieron vivenciar más de cerca lo que acontecía en las calles habaneras y el verdadero espíritu popular, lleno de esperanzas, optimismo y a la vez de incertidumbres con todo lo que estaba sucediendo. Solo que su orientación e impacto están enfocados hacia un público externo, teniendo poca repercusión sobre la población cubana.

La cobertura periodística de los medios cubanos a la visita oficial del presidente norteamericano a la isla dejó mucho que desear desde una perspectiva democrática de la información y mostró como su modelo de prensa una vez más queda en desventaja con la realidad que lo rodea. Sus relatos periodísticos estuvieron muy distantes de mostrar un equilibrio entre los acontecimientos sucedidos en esos días. El tratamiento reduccionista de la noticia al plano ideológico más que mostrar la realidad que experimentaba la isla generó un alto grado de desconcierto y ambivalencia informativa en la sociedad y terminó convirtiéndose en un discurso de los principios revolucionarios defendidos por los gobernantes. Una vez más la prensa cubana imponía cómo debe pensarse y desde que perspectiva ver los acontecimientos que se suceden en la isla, en una clara pedagogía embrutecedora, como lo cataloga Jacques Rancière (2010), donde más que una intención de reducir las distancias entre conocimientos sobresale una posición de poder.

La regulación institucional sobre los medios de comunicación en Cuba

Evaluar el periodismo cubano sin tomar en cuenta sus particularidades, sería como condenarlo a una muerte segura. El periodismo como acto social es reflejo de la sociedad en que se desarrolla, y el que se hace en Cuba no está exento de este principio.

Con un alto compromiso ideológico en la formación del sistema social cubano y una elevada subordinación a los intereses políticos gubernamentales, el periodismo cubano a partir de 1991 experimenta una mayor regulación y dependencia de los órganos políticos y administrativos de la sociedad cubana.

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El proceso de la glásnost sucedido en la URSS, como parte de las reformas políticas y sociales que dieron al traste con la desaparición del campo socialista de Europa del Este, echó por tierra un profundo proceso de reforma de la prensa cubana que se orientaba a lograr mayores niveles de representación, participación y autonomía profesional. Julio García Luis (2013, p.153) explica que “el fenómeno de la glásnost hizo mucho daño. Se levantó el temor de que aquí [en Cuba] la prensa también se prestara a desmantelar ideológicamente la sociedad” y esto produjo un mayor grado de centralización política y control administrativo del que ya venía experimentando desde mediados de los años 60 del siglo pasado.

Los medios de comunicación masiva de la isla poseen una alta regulación institucional que ejerce influencia directa sobre los perfiles y el funcionamiento de cada uno de ellos. A decir de García Luis (2013, p. 154) “la simetría de poder en las relaciones de los medios con el sistema político, las instituciones del estado y la administración, y al menos con una buena parte de la sociedad civil, se traduce en una regulación externa desequilibrada, en detrimento de la prensa”. Según el propio investigador existen muchas temáticas que los periodistas no pueden decidir sobre su abordaje sin antes tener la aprobación administrativa: es el caso de la salud, la defensa, el orden interior, educación, industria básica y la azúcar (GARCIA, 2013).

Es esta desigual relación de poder entre la prensa y las estructuras administrativas una de las razones por la que los discursos periodísticos cubanos se muestran distantes de la opinión pública y divorciados con la realidad. En estos casos las narrativas de la prensa terminan siendo discursos de complacencia hacia los intereses de esas estructuras, las que terminan imponiendo un abordaje retórico, unidireccional y alienante de los acontecimientos.

Coincidimos con el profesor García en que ya ese modelo de prensa dejó de funcionar y de dar respuesta a las necesidades de la sociedad cubana. Lo nuevos tiempos imponen nuevas formas discursivas y abordajes periodísticos más inclusivos y democráticos, donde los acontecimientos se expongan desde sus diversas aristas en una especie de pedagogía ignorante, citando nuevamente a Rancière (2010), como forma de emancipación. Este es, además de derrumbar el bloqueo económico, otro de los mayores retos que tiene la sociedad cubana actual: la emancipación de sus ciudadanos.

Bibliografía

García Luis, Julio. Revolución, Socialismo, Periodismo. La prensa y los periodistas cubanos ante el siglo XXI. La Habana: Pablo de la Torriente, 2013.

Rancière, Jaques. El espectador emancipado. Buenos Aires: Manantial SRL, 2010.